miércoles, 6 de agosto de 2008

Sabiduría oriental


¡Me quedé dura!- le dije a mi masajista por teléfono. Por favor dame un turno urgente. No podía mover el cuello para ningún lado. Los hombros también estaban duros y comenzaba a no sentir el brazo derecho.
Día siguiente, siete y media de la tarde. Bea me recibió con una taza caliente de te de jazmín. Luego de conversar y contarle mis desventuras de oficina, me recosté boca a bajo en la camilla. Enya comenzó a sonar. Despacito me fui dejando llevar por la música y por la relajación. Bea sugirió que me fuera a algún lugar bonito. Me fui al mar. “Camino por la arena y el agua me moja los pies. Oigo el volar de las gaviotas y un perro que ladra a la distancia. El sol me acaricia la espalda..."
El disco había terminado y Bea hacía reiki con sus poderosas manos. Me dolía un poco el homóplato derecho, pero en ese momento, todo me resultaba placentero.
-Algo tenés que hacer, no podés seguir así- dijo Bea preocupada. Te voy a dar algunos tips para sobrevivir en la oficina:

*Respiración profunda: sentada con la espalda bien apoyada sobre la silla, tenés que hacer cuatro respiraciones profundas. El aire entra por la nariz y va hacia el abdomen, luego lo expulsás por la boca.
*Báhuvartênásana: rotación de los hombros, hacia delante y hacia atrás. Primero con uno, después con el otro, luego ambos.
*Grivavartênásana: de pie, el cuerpo inmóvil, hacés una respiración normal. Llevás la cabeza hacia atrás y hacés una rotación completa para cada lado.
*No pases muchas horas seguida sentada o en la misma posición, es la regla básica.

La escuchaba y me imaginaba haciendo esos ejercicios entre los escritorios, entre mis compañeros, entre la fotocopiadora y el perchero. Los imaginé a ellos balanceando sus cabezas y rotando sus caderas. Si Bea supiera que no tengo un lugar físico donde almorzar; almuerzo sobre mi escritorio mientras continúo atendiendo el teléfono. Y la silla, cómo voy a sentarme erguida si la silla nueva, esa celeste que compraron hace poco, se tambalea para todos lados. Creo que debería dedicarme a otra cosa. Quizás, a ser instructora de yoga y hacer todas esas posiciones saludables. O quizás le encuentre la vuelta y me escape más seguido al baño; en donde pueda hacer grivavaryenásana tranquila.



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